BALASANA O POSTURA DEL NIÑO

La postura del bebé (balasana) es una asana de relajación que nos recuerda a la posición en la que permanece el feto durante la gestación en el útero materno. Aunque también es una postura de rendición, donde entregamos la mente y su agitada actividad a la madre tierra para que nos devuelva serenidad. Por lo tanto, al practicarla lo que encontrarás es interiorización, calma emocional, la mente se torna recepctiva y se reequilibran las energías.

A su vez, es una postura de relajación que podemos utilizar para eliminar las tensiones que se van acumulando durante el día. En esta posición la columna se dobla hacia delante 110 grados, lo que proporciona un excelente contraestiramiento para los estiramientos que requieren una inclinación hacia atrás de la columna.

Bala significa “niño” y es una de las posturas más relajantes del yoga, que se suele utilizar con frecuencia como transición entre un ejercicio y otro (por ejemplo, al salir de la postura de cobra o de camello), como breve periodo de relajación entre una serie de posturas, o bien como ejercicio en sí mismo combinada con alguna determinada posición de los brazos. Aquí puedes llevar las manos hacia delante, estirando los brazos y poniendo las palmas de las manos en el suelo o coger los talones con las manos.

El poder relajante de esta asana (común y totalmente instintiva en los bebés recién nacidos) consiste en enfocar la atención a dos puntos diferentes: uno es el entrecejo, el sexto chakra, que descansa tranquilamente sobre la colchoneta y nos aportará serenidad y paz a la mente; y el segundo es la respiración abdominal, que irá realizando un suave masaje sobre nuestros muslos. Para entrar en la postura, en primer lugar te debe sentar sobre los talones y flexionar el tronco hacia delante dejándolo relajado, permaneciendo con la frente apoyada en el suelo frente a las rodillas. Si la frente no llega al suelo, entonces puedes colocar un cojín para que sea más fácil. Para salir de la postura, sólo debes apoyar las manos en el suelo, justo debajo de los hombros e ir incorporando la espalda lentamente hasta llegar a la vertical.

Dentro de sus beneficios, al realizar esta postura, encontrarás interiorización y calma emocional. La mente estará más receptiva y sentirás tus energías reequilibradas. Relaja y promueve la curación de lesiones, dolores de espalda y cuello. Libera la presión sobre los discos vertebrales y proporciona una forma natural de tracción. Alivia el dolor prelumbar que pudiera ser ocasionado por otras posturas. Estira con suavidad las caderas, los muslos y tobillos. Calma el cerebro, alivia el estrés y la fatiga. También se relajan los hombros, el cuello y la columna e incrementa la circulación de la sangre hacia la cabeza, lo que alivia las migrañas o jaquecas. Por último nos conecta con nuestro niño interior y brinda la sensación de soltar cualquier preocupación hacia la tierra.

Precauciones: Debes evitar esta postura si tienes lesiones en rodillas y espalda, síndrome de túnel carpiano, migrañas fuertes, diarrea o presión baja. Si estás embarazada deberás modificar la postura, separando las piernas para dejar espacio para la guatita.

 

Beneficios:

  • Centra y calma la mente
  • Alivia estrés y fatiga
  • Estira las caderas, muslos y rodillas
  • Alivia dolor de espalda. Relaja la columna
  • Libera presión sobre los discos de las vértebras
  • Alivia dolor lumbar causado por otras asanas
  • Brinda descanso
  • Alivia los pies cansados
  • Reduce el cansancio

 

 

 

 

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